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Esencialmente pudo advertir que la enfermedad era un conflicto entre el alma y la mente. Tomando esto como base, los métodos médicos o físicos no podían erradicar la enfermedad, ni por fuera, ni por dentro del organismo. Teniendo en cuenta en la época en que se hacían, estas afirmaciones fueron tomadas por excéntricas. Concluyó que el conflicto es abonado por dos fuentes de error: la falta de armonía entre alma y la personalidad y la crueldad o mala disposición hacia los otros. Estableció que defectos como el orgullo, la crueldad, el odio, egoísmo, ignorancia, inestabilidad y codicia están en la base de la enfermedad. Así planteado se precisaba de oponer virtudes a estos defectos.
Escribe el libro Cúrate a ti mismo con un lenguaje sencillo y simple pero tremendamente profundo. Describe que el alma construye el cuerpo físico como instrumento para sus fines. Los trastornos emocionales y los consiguientes trastornos de salud se deben a que está alterada la conexión con el alma. Las plantas medicinales, que tienen vibraciones especialmente intensas, actúan de mediadoras.
Cuando presenta a los editores el borrador del libro, se niegan a publicarlo por considerarlo audaz y revolucionario, aunque después encuentra a un editor que se ofrece a hacerlo, admirando el trabajo realizado en bien de la Humanidad.
Por su parte, la Sociedad Médica, al leer sus anuncios en los periódicos ofreciendo la curación con flores, lo obligan a terminar con la práctica, so pena de retirarle el permiso para ejercer la profesión médica. Bach responde: “Habiendo probado que las hierbas son tan simples de usar y tan maravillosamente efectivas en su poder curativo, renuncio a la medicina ortodoxa. Se convirtió en el Doctor-Maestro-Instructor de Vida, títulos con los que la humanidad, agradecida, reemplazó los títulos académicos de los que él mismo se desprendiera, pues lo limitaban en su desarrollo. (Enfermedades psicosomáticas y Flores de Bach. Rubén Gracia).
Edward Bach tuvo que luchar para conservar la simplicidad, y con ella, la eficacia de su método. Un mes antes de su muerte, en octubre de 1936, siendo consciente de este problema, Bach escribió la siguiente carta a su colaborador Victor Bullen:
“Es una prueba de la importancia de nuestro trabajo que aparezcan los poderes materiales con la intención de distorsionarlo o desfigurarlo. La desfiguración es un arma más poderosa que la destrucción. El hombre quiso tener la libre capacidad de decisión y Dios se la otorgó. Por ello el hombre siempre debe tener la elección. En cuanto un maestro entrega su obra al mundo, ha de surgir una versión desfigurada de la misma” |